miércoles, 21 de enero de 2009

La pornografía (subliminal) nuestra de cada día


Ya hace unas semanas se murió el ratón inalámbrico que me había vendido el que se convirtió, desde ese mismo momento, en mi ex proveedor oficial informático. Bueno, no era una muerte irreversible, sólo había que cambiar las pilas.

La sorpresa fue encontrar dentro del ratón dos pilas que, a primera vista, parecían marca Panasonic, pero que, en realidad, eran una basura llamada PenesamiG.

Supongo que el fabricante debe tener línea directa con los talleres de manipulado y embalaje de consoladores y, desde su mismo nombre, marca su diferencial superioridad con los penes de 'carne y hueso'.

Si se lee como es debido, la marca de las pilas PenesamiG, no es otra que


Penes, a mí, ¡Je!








De la machada a la guarrada. El Diccionario de la Real Academia no lo recoge, pero a casi nadie se le escapa que el 'bul' es para muchos uno de los numerosos nombres que se usan para referirse al culo.

Bautizar a un sobre almohadillado como 'Raja Culo' es poner sobre aviso del estado en que se puede encontrar lo que se envíe dentro de ellos. O llega hecho una mierda o directamente ya lo era antes de meterlo por la raja del bul.

Hay días en que uno quisiera trabajar en empresas cuyos departamentos de márketing se dedican a perpetrar estas marcas.



Por último, un recuerdo a la gran Victrolita, esa turbadora de infancias, Inés Escariz Fernández (Buenos Aires, 1931), que pasada la treintena y vestida de 'niña pequeña' (?), trataba de impostar la voz y lograba poner los vellos como escarpias.

Si la idea del disfraz le vino después de ver "Qué fue de Baby Jane?" o fue la viceversa es algo que se me escapa. Pero compadezco a los niños suramericanos que recibieron los subliminales mensajes sangrientos o cargados de erotismo que llevaban sus letras aparentemente inocentes.

En su versión de 'La cucaracha', el animalito --que ni siquiera fuma marihuna para sobrellevar la tragedia-- ha perdido dos patitas, entra en un gallinero y se le comen otras dos y finalmente se introduce en la que será su tumba: un hormiguero donde las hormiguitas se le zampan las dos únicas patitas que le quedaban sin poder salir nunca más del agujero.

En 'Pedrito el lorito', la nenita de marras envenena al loro con vino y para superar su tristeza por la pérdida del lorito querido se marca un chachachá. Más peligro tienen las canciones dedicadas a los parientes próximos 'Para los papitos' y 'Mi tío', donde Victrolita cabalga sentada en las rodillas del adulto o se anticipa al orgullo bear pidiendo un 'osito peludo y un pirulí'.

Su versión de "En un bosque de la China", con los dos (co)chinitos haciendo cochinadas en la oscuridad del bosque no es precisamente muy infantil. Por menos le prohibieron un disco a Fofito.

2 comentarios:

Mer dijo...

No había oído hablar de Victrolita, afortunadamente porque por las fechas, yo fui niña en el periodo que ella interpretó sus grandes megahits, y podía haberme dejado secuelas insuperables.

la señorita rottenmeier dijo...

Es usted un crack, jovencito.
Si Heidi hubiese sido tan ocurrente, otro gallo e hubiera cantado.