Gracias, inseguro servidor. He aprendido la lección. Las copias de seguridad se han de hacer cada dos minutos. Pero me cisco en tus ancestros softwareros por hacerme perder el hilo y, sobre todo, el día del centenario de Carmen Miranda.
Porque era el día 9, y no hoy, cuando se cumplían 100 años del nacimiento de Carmen Miranda. La portuguesa reciclada en brasileña que mayor revuelo organizó en Estados Unidos en los años previos a la Segunda Guerra Mundial.
Desde el mismo momento de su debut, cantando ‘South American Way’ en la revista musical “Streets of Paris” (1939), fue la figura más imitada y caricaturizada. Mickey Rooney y Bugs Bunny fueron pioneros travestis de Carmen y a ellos les siguieron legiones de fans para quienes llenarse la cabeza de fruta y subirse a coturnos imposibles era algo irresistible.
Por supuesto que conocía a Carmen Miranda por terceros medios: fotos, referencias en libros, imitaciones y todas esas cosas. Pero mi primer encuentro ‘directo’ con La Miranda fue, irónicamente, por la vía ‘culta’.
Con 16 ó 17 años fui a Filmoteca a ver “Copacabana”, con toda seguridad programada dentro de un mini ciclo dedicado a los Hermanos Marx. Aquella semana también programaban “Don Dólar” y “Sopa de ganso”.
Me sorprendió la energía que desprendía la Miranda en aquella imposible comedia de enredo, en blanco y negro, donde era la pareja de Groucho y tenía el inspirado nombre de Carmen Novarro. Pero, por exigencias del guión, se hacía pasar por la cantante francesa Mademoiselle Fifi, teñida de rubio y cubriéndose el rostro con un velo.
La suma de ingredientes era más de lo que cualquier degustador del kitsch podía digerir. Lógicamente me encantó.

Con el paso de los años ya fui viendo alguna otra película con La Miranda en televisión y en cine. Como aquel “Toda la banda está aquí”, prohibida durante el franquismo y estrenada en un alucinógeno ciclo de películas Fox bautizado “Amar el Cine”.
A las órdenes de un no menos alucinógeno —en todos los sentidos— Busby Berkeley, Carmen interpretaba el ya clásico “Lady in the Tutti-Frutti Hat”. Tras las evoluciones de las coristas con unos plátanos gigantes, el número musical más fálico de la historia finalizaba con Carmen luciendo sombrero de bananas que se extendía hasta el infinito y más allá.
Creo que por aquellos años de liberación censora nos llegó, por fin, la edición Tusquets de uno de los libros más anhelados por todos los aficionados al cine, sus entresijos y sus gallinejas: “Hollywood Babilonia”. En el segundo volumen, la mala de Kenneth Anger afirmaba que Carmen Miranda utilizaba las plataformas de sus coturnos como estilizados estuches para almacenar el polvo con que se maquillaba la nariz entre samba y samba.
Pero además se atrevió a publicar la foto que provocó la caída en desgracia de Carmen. Una foto en la que, alzada por César Romero, Carmen dejaba ver, sin la menor duda, que era muy cuidadosa en la elección de su vestuario y sus barrocos complementos... de cintura para arriba. De cintura para abajo era más bien defensora del minimalismo.

Poco más o menos, le sucedió algo parecido a Marujita Díaz en compañía de José Manuel Parada, lo que supuso el veto de televisión a las dos divas de labios siliconados.
Sin embargo, para mí, Carmen Mirada fue durante muchos años una referencia obligada de las mañanas de los domingos. Escuchar sus canciones grabadas para Decca en Estados Unidos me ponía en un estado de catártica felicidad que duraba todo el día... y parte de la semana siguiente.
Los trabalenguas imposibles, los ritmos acelerados, el evocador exotismo y la complicidad de las ‘Hermanas Andrews Sisters’ o Xavier Cugat eran un imán demasiado potente: ‘Chica Chica Boom Chic’, ‘I, Yi, Yi, Yi, Yi (I Like You Very Much)’, ‘Ca-Room-Pa-Pa’, ‘Co, Co, Co, Co, Ro’,
‘Touradas em Madrid /
The Matador’, ‘Cuánto le gusta’, ¡¡¡‘O Passo do kanguru (Brazilly Willy)’!!!
Antes de esas apoteosis camp, Carmen había grabado en Brasil numerosas canciones para RCA y Emi que la habían convertido ya en una megastar:
‘O qué que a Bahiana tem’,
‘Na baixa do sapateiro’, ‘Tic-Tac do meu coraçao’... Tal era su popularidad que el Gobierno brasileño la transformó en una especie de embajadora en Estados Unidos a la que no perdonaron que regresase al cabo de unos meses ‘americanizada’.
Sin llegar a los extremos de Carlos Gardel, que para los argentinos ‘cada año canta mejor’, a Carmen Miranda se la ha reivindicado como cantante, precursora de los movimientos musicales brasileños de los 50 y 60, por artistas como Caetano Veloso que grabó algunos de los temas popularizados por Carmen.
Aunque para muchos todavía es difícil separar la imagen festiva y kitsch de La Miranda de su importancia en el terreno musical, ya empieza a reconocerse que cada siglo canta mejor.