martes, 8 de septiembre de 2009

Angelito, más malo que un Beatle

Como cualquiera que leyó Pulgarcito, Tío Vivo, TBO e, incluso, Pumby, de vez en cuando toca ejercicio colectivo de nostalgia para recordar aquellos personajes humorísticos cuyas páginas eran las primeras en ser ‘devoradas’. Personalmente nunca fui demasiado aficionado a los tebeos de ninguna clase, pero desde el primer momento fui consciente de que había tres grupos de historietas: las inmediatas –esas cuyas páginas buscaba en cuanto tenía el tebeo en las manos–, las intermedias –las que me hacían pasar el rato sin más–, y las que me daban tanta pereza que ni las leía aunque no tuviese otra cosa que hacer.

Las que más me gustaban iban firmadas en su gran mayoría por by Vázquez o simplemente by *, o algo parecido. El trazo, el tipo de humor, los personajes… Para mí estaban a años luz de los detestables Zipi y Zape o el sonso de Don Pío.

La colección Clásicos del Humor recupera una buena parte de aquellos personajes, incluyendo las páginas en blanco y negro o a dos colores, esas que evitaban casi todas las recopilaciones hasta la fecha. Gracias a ella he reencontrado a un puñado de personajes de Vázquez y con su delirante Incorrección Política. Qué ya era hora.




Y entre los máximos exponentes Angelito, ese desarraigado, etílico y sádico, más malo que un Beatle –aprovechemos que hoy se pone a la venta la discografía remasterizada, por fin– atrapado en el cuerpo de un bebé saltarín que, con el tiempo, se convirtió en un beligerante ecologista, soñador y con el poder mágico de crear seres vivos simplemente haciendo graffitis con un lápiz.







Sin duda se adelantó décadas a su tiempo, y a Dexter, al aprender a utilizar sus instintos asesinos para acabar con delincuentes de todo tipo, especialmente los que atentaban contra el medio ambiente. Angelito amaba a los árboles y los libraba del fuego a pesar de que estos fumasen monumentales pipas. Sus otros amigos eran gusanitos y caracoles que también sabían saborear el tabaco en pipa.






Luchaba contra extra-terrestres de todas las especies con métodos tan pedestres como expeditivos. Y aunque tenía puntazos raritos y algún brote psicótico, hacia el final dejó que saliese el bebé que tenía dentro en historietas de una poesía muy especial.








Larga vida a Angelito ¡que ya ha cumplido 45 años!

sábado, 5 de septiembre de 2009

Mickey Mouse ha muerto

Tópico tras tópico: crisis, desencanto, crisis, gripes varias, crisis, conspiraciones, crisis, amenaza de 2016… Todo es muy desalentador en estos tiempos malos para la lírica y peores para la prosa.

Qué más da si el mundo se acaba. Una de las señales definitivas de que el futuro tiene los meses contados estaba ayer en la calzada, próxima a La Castellana, a la vista de todos y sin nadie que quisiera prestar atención.



Allí estaba aquel silencioso mensaje al universo entero: Mickey Mouse ha muerto y con él todo lo que han querido que representase. Se acabó la esperanza y la ilusión para los niños, se acabaron los sueños de brotes verdes, las tradiciones familiares, la amistad interracial…

Se ha ido sin aclararnos si ha muerto de muerte natural, se ha suicidado ante la invasión de súper-héroes Marvel que ha sufrido su casa o ha sido asesinado por algún celoso miembro de la Patrulla X, el mismísimo Spiderman o un mutante rarito, enemigo de los ratones negros parlanchines de tres dedos.




Y lo que es peor, no ha aclarado si su padre sigue congelado o fue él mismo quien creó esa leyenda urbana y ha acabado, decapitado y tirado en el arroyo, corroído por la envidia al saber que quien se aprovechó de esa leyenda urbana, y generó merchandising sobre el tema, acabó creando a su más serio competidor: Bob Esponja.






Un recuerdo para MM con marcha de acompañamiento; no precisamente fúnebre, pero al menos insólita, gentileza de Julie London.

martes, 1 de septiembre de 2009

Nuevo Parque de Atracciones en la Plaza Barceló

Siguen adelante las obras del nuevo Parque de Atracciones de la Plaza Barceló o Plaza de las Sorpresas, donde, además de los peligrosos entretenimientos que ya animaban la zona, ahora se ha incluido una aparatosa Montaña Rusa.

Eso sí, para que el personal le dé un voto de confianza al proyecto, se han añadido unas bonitas redes recoge-todo, con las que los operarios ya no se sienten inseguros y la prensa es incapaz de volver a incidir en la peligrosidad laboral de la Comunidad.

La inquietud y el desasosigo por saber cuando finalizará el Parque de Atracciones y podremos inagurar esta Montaña Rusa en el centro de la capital, me quitaría el sueño si no fuese porque ya me lo quita la alta temperatura que todavía nos achicharra.










lunes, 23 de febrero de 2009

23-F

Círculos que se cierran, etapas que se completan… Tiendo a verlos en ‘señales’ con las que tropiezo a menudo. Después, la realidad es que nada se completa, nada se cierra, porque los recuerdos permanecen y no se pueden erradicar como se pretendía en “Eternal Sunshine of the Spotless Mind”, extraordinaria película de vomitivo título en España, “¡Olvídate de mí!”.

Pero esas señales se pueden tomar como avisos de que es el momento de pasar al nivel siguiente de juego, donde se empieza más o menos de cero, pero con la mochila cargada de experiencias-conocimientos y algún que otro gadget que pueda ser de utilidad en el nivel recién estrenado.

El 23-F siempre me ha resultado un día peculiar y no sólo por ser la víspera del 24-F, que ése sí es un día cargado de simbolismos. Hoy ha tenido un poco de todo, para no ser una excepción.

Al levantarme había decidido que, sin esperar a nada más, la señal de final de etapa, la que debía cerrarla y así pasar a la siguiente, la iba a poner yo mismo. Mientras me preparaba para ir a la Oficina Siniestra he visto en un resumen de las noticias que La Cruz se había llevado el Oscar, como muchos predecían y muchísimos más temían. Eso ya no era la señal de un fin de etapa en mi trayectoria vital sino una señal inequívoca de lo cerca que está el Fin del Mundo.







En fin, nada más cerrar la puerta de casa, sin tiempo, pero entretenido en un escaparate, me ha saludado un conocido. La segunda cosa que me dice es: “Hoy es 23-F y yo hoy voy a llevar a cabo mi 23-F particular”. Después durante un buen rato me ha estado explicando que hoy era el día elegido para dar su ‘golpe’ particular y todos los etcéteras que han seguido. No podía evitar la sonrisa al pensar que yo llevaba en la mano la llave de mi particular 23-F.

Después, en el transcurso de la conversación han surgido algunos detalles que me han confirmado que, efectivamente, la etapa se hubiese cerrado de todos modos aunque yo no me lo hubiese impuesto. Eso no ha evitado un peso angustiante en el pecho durante casi toda la mañana.

Un peso que ha empezado a remitir cuando me ha llegado por correo un CD improbable tramitado vía Internet por gentileza de un amigo sin mis problemas bancarios. El disco es, lo juro, infinitamente mejor que su carátula, pero infinitamente menos divertido de lo que esperaba.


Con todo, curiosamente, la primera canción es uno de los himnos exorcizantes a los que recurro de vez en cuando, ‘Don’t Rain On My Parade’. No hace ni dos meses que tuve sesión intensiva de la canción en todas las versiones al alcance mi mano. Hoy le ha tocado a Bailey-Streisand.

La semana pasada fue especialmente angustioso-depresiva. Un homenaje agradecimiento a Henri Salvador, cuya risa contagiosa me ha ayudado a reír un poco en estos días, y a sus magníficas 'Le loup, la biche et le chevalier' y su rarísima versión en italiano de 'The Lion Sleeps Tonight'.

Mañana, 24-F, oficialmente se pone a la venta el nuevo disco de Fangoria. ¿Será otra señal?

jueves, 12 de febrero de 2009

Chica Chica Boom Chic Revisited

Gracias, inseguro servidor. He aprendido la lección. Las copias de seguridad se han de hacer cada dos minutos. Pero me cisco en tus ancestros softwareros por hacerme perder el hilo y, sobre todo, el día del centenario de Carmen Miranda.

Porque era el día 9, y no hoy, cuando se cumplían 100 años del nacimiento de Carmen Miranda. La portuguesa reciclada en brasileña que mayor revuelo organizó en Estados Unidos en los años previos a la Segunda Guerra Mundial.

Desde el mismo momento de su debut, cantando ‘South American Way’ en la revista musical “Streets of Paris” (1939), fue la figura más imitada y caricaturizada. Mickey Rooney y Bugs Bunny fueron pioneros travestis de Carmen y a ellos les siguieron legiones de fans para quienes llenarse la cabeza de fruta y subirse a coturnos imposibles era algo irresistible.


Por supuesto que conocía a Carmen Miranda por terceros medios: fotos, referencias en libros, imitaciones y todas esas cosas. Pero mi primer encuentro ‘directo’ con La Miranda fue, irónicamente, por la vía ‘culta’.

Con 16 ó 17 años fui a Filmoteca a ver “Copacabana”, con toda seguridad programada dentro de un mini ciclo dedicado a los Hermanos Marx. Aquella semana también programaban “Don Dólar” y “Sopa de ganso”.

Me sorprendió la energía que desprendía la Miranda en aquella imposible comedia de enredo, en blanco y negro, donde era la pareja de Groucho y tenía el inspirado nombre de Carmen Novarro. Pero, por exigencias del guión, se hacía pasar por la cantante francesa Mademoiselle Fifi, teñida de rubio y cubriéndose el rostro con un velo.

La suma de ingredientes era más de lo que cualquier degustador del kitsch podía digerir. Lógicamente me encantó.


Con el paso de los años ya fui viendo alguna otra película con La Miranda en televisión y en cine. Como aquel “Toda la banda está aquí”, prohibida durante el franquismo y estrenada en un alucinógeno ciclo de películas Fox bautizado “Amar el Cine”.

A las órdenes de un no menos alucinógeno —en todos los sentidos— Busby Berkeley, Carmen interpretaba el ya clásico “Lady in the Tutti-Frutti Hat”. Tras las evoluciones de las coristas con unos plátanos gigantes, el número musical más fálico de la historia finalizaba con Carmen luciendo sombrero de bananas que se extendía hasta el infinito y más allá.

Creo que por aquellos años de liberación censora nos llegó, por fin, la edición Tusquets de uno de los libros más anhelados por todos los aficionados al cine, sus entresijos y sus gallinejas: “Hollywood Babilonia”. En el segundo volumen, la mala de Kenneth Anger afirmaba que Carmen Miranda utilizaba las plataformas de sus coturnos como estilizados estuches para almacenar el polvo con que se maquillaba la nariz entre samba y samba.

Pero además se atrevió a publicar la foto que provocó la caída en desgracia de Carmen. Una foto en la que, alzada por César Romero, Carmen dejaba ver, sin la menor duda, que era muy cuidadosa en la elección de su vestuario y sus barrocos complementos... de cintura para arriba. De cintura para abajo era más bien defensora del minimalismo.

Poco más o menos, le sucedió algo parecido a Marujita Díaz en compañía de José Manuel Parada, lo que supuso el veto de televisión a las dos divas de labios siliconados.

Sin embargo, para mí, Carmen Mirada fue durante muchos años una referencia obligada de las mañanas de los domingos. Escuchar sus canciones grabadas para Decca en Estados Unidos me ponía en un estado de catártica felicidad que duraba todo el día... y parte de la semana siguiente.

Los trabalenguas imposibles, los ritmos acelerados, el evocador exotismo y la complicidad de las ‘Hermanas Andrews Sisters’ o Xavier Cugat eran un imán demasiado potente: ‘Chica Chica Boom Chic’, ‘I, Yi, Yi, Yi, Yi (I Like You Very Much)’, ‘Ca-Room-Pa-Pa’, ‘Co, Co, Co, Co, Ro’, ‘Touradas em Madrid / The Matador’, ‘Cuánto le gusta’, ¡¡¡‘O Passo do kanguru (Brazilly Willy)’!!!

Antes de esas apoteosis camp, Carmen había grabado en Brasil numerosas canciones para RCA y Emi que la habían convertido ya en una megastar: ‘O qué que a Bahiana tem’, ‘Na baixa do sapateiro’, ‘Tic-Tac do meu coraçao’... Tal era su popularidad que el Gobierno brasileño la transformó en una especie de embajadora en Estados Unidos a la que no perdonaron que regresase al cabo de unos meses ‘americanizada’.


Sin llegar a los extremos de Carlos Gardel, que para los argentinos ‘cada año canta mejor’, a Carmen Miranda se la ha reivindicado como cantante, precursora de los movimientos musicales brasileños de los 50 y 60, por artistas como Caetano Veloso que grabó algunos de los temas popularizados por Carmen.

Aunque para muchos todavía es difícil separar la imagen festiva y kitsch de La Miranda de su importancia en el terreno musical, ya empieza a reconocerse que cada siglo canta mejor.

lunes, 9 de febrero de 2009

You Fascinated Me So


Muchas presiones he recibido en los últimos días para que no dejase de recordar a Carmen Miranda en el centenario de su nacimiento. Pero está claro que no podía ser tan fácil el pasar del trance incinerador de zombies a la alegría vital de La Bomba Brasileña.

Después de escribir sobre La Miranda y subir las ilustraciones, musicales y fotográficas, el inseguro servidor tuvo un ataque epiléptico y no grabó nada de lo perpetrado.

Como últimamente intuyo señales en casi todo, pensé que por algo sería. Vi a la Señora Rius, de moral despistada, en el programa de BFN y, por fin, la coronación de Berto como se merecía: un Rey Mediático. Y opté por tratar de dormir 3 ó 4 horas.

Esta mañana, al tratar de recomponer el desaguisado Mirandiano, me entero del fallecimiento, el pasado día 7, de una de mis cantantes adoradas: Blossom Dearie.


A Blossom Dearie la descubrí tarde. En la época del CD y a través de unos asombrosos recopilatorios producidos por Ben Bagley (1933-1998) y publicados en la colección Painted Smiles. Al atractivo de recuperar canciones inéditas y rarísimas del repertorio de los grandes compositores americanos Cole Porter, Frank Loesser, Harold Arlen, George Gershwin, Kurt Weill, Jerome Kern...—, Ben Bagley atrajo a los estudios a un grupo de ‘amigos’ tan ecléctico como Katharine Hepburn, Kaye Ballard, Barbara Cook, Chita Rivera, Gloria Swanson, Rhonda Fleming, Anthony Perkins, Richard Chamberlain, Arthur Siegel, Bobby Short y Roddy McDowell. A buen entendedor... Pero la voz que me cautivó fue la de Blossom Dearie.

Eran otros tiempos. No existía Internet, aunque teníamos tiendas de discos. Algunas incluso aceptables. Y como eso es lo que había, me recorrí las calles Tallers y Pelayo buscando otros CDs de Blossom. En una tarde recogí tres pertenecientes a la etapa Verve, aunque dos de ellos eran recopilatorios. Aquel mismo día me hice fan absoluto.

El humor, la ternura, la fragilidad de una voz con registro semejante al de una niña, engrandecían un repertorio de standars sobradamente conocidos. Blossom imprimía una musicalidad y un sentimiento que pocas veces transmiten otros intérpretes muy preparados técnicamente, pero fríos y mecánicos. Y además era una prodigiosa pianista. Así empezó en París a mediados de los 50 continuó acompañándose al piano en disco y en las actuaciones en directo que efectuó hasta hace nada.

Fue gracias a Blossom que descubrí ‘It Might As Well Be Spring’ después de haberla escuchado decenas de veces en la voz de otros cantantes. Y ‘Down With Love’ y ‘They Say It’s Spring’, y ‘La valse des lilas / Once Upon A Summertime’, y ‘Tout doucement’, y 'Doop-Doo-De-Doop (A Doodlin' Song)', y ‘Give Him the Ooh-La-La’ y, ‘I’m Hip’ y...

Meses más tarde, en el primer disco que encontré de su propio sello Daffodil —grabado en 1987 con 61 años—, volvía a escuchar la misma voz, casi como si no hubiesen pasado los años. Igual de fascinante y todavía más divertida en temas como ‘My Attorney Bernie’ o ‘My New Celebrity Is You’.

Como buen provinciano, Blossom Dearie era algo mío, porque nadie me había hablado de ella; no había encontrado referencias en ninguno de los libros de música que habían caído en mis manos y ninguno de mis amigos y conocidos —que tantas figuras me habían descubierto— tenía la más remota idea de quien era. Eso sí, al escucharla todos quedaban fascinados.

Incluso recuerdo el sentimiento de orgullo gilipollas que me invadió al escuchar ‘Try Your Wings’ en la banda sonora de “Mi vida sin mí”. Como si mi esmirriado proselitismo hubiese hecho llegar a Blossom, a través de terceros, hasta Isabel Coixet. No hay nada como la ignorancia... excepto el paso siguiente: Ignorancia + Alzheimer.

El pasado año fue de grandes pérdidas mitómanas, pero ninguna hizo que se me humedeciesen los ojos como esta mañana al leer la noticia del fallecimiento de Blossom. Hoy el iPod está vetado para cualquier otro nombre.

domingo, 8 de febrero de 2009

La ilusión zombie vuelve a las cenizas

Una semana especialmente rara que anunciaba un fin de semana feliz, ha tenido una conclusión consecuente con la tónica diaria. Yuna vez más uno de esos simbolismos agarrados por los pelos –o por la cola, como escribiría Picasso–, ha llamado, literalmente, a mi ventana.

Mientras repasaba los diarios a media tarde, un griterío en la calle hizo que me saltase el resorte cotilla. ¿Una pelea de etílicos? ¿Una bronca de testosterónicos? ¿Un atraco? ¿Un accidente? Es decir, los acontecimientos habituales de la calle que te ayudan a conocer al vecindario: Todos abrimos la ventana a la llamada de espectáculo gratuito.

Nada de eso, un desfile de zombies, que al parecer exhiben su Orgullo como tales coincidiendo con el aniversario del nacimiento de George A. Romero (4 de febrero de 1940). Bueno pues tocó ayer que unos cuantos muertos vivientes 'pasasen por casa'. Pero para mí fue como una revelación: Los muertos, como mejor están es quemados.




Desde hace más de un año trato de creer que tengo fuerzas y ánimos para revivir un cadáver. Pero no. La ilusión muerta se podrá levantar y caminar tambaleante a base de radiaciones o fluidos fosforito como los de "Re-Animator". Sin embargo ni el avance es significativo ni podrá evolucionar, crecer, revivir. Es un engaño, sigue muerta.

Y no sólo eso, se corre el peligro de crear nuevos cádaveres en el camino: La ilusión zombie es voraz, reclama alimento, devora cerebros...

Tengo la convicción de que en casi todas mis decisiones importantes, por mucho que las haya analizado, en el último momento siempre ha primado el más básico instinto de supervivencia. La estrategia del armadillo que se cierra sobre sí mismo interponiendo su dura coraza entre su corazón y el mundo.

¿Han sido erróneas esas decisiones? No lo sé. Hoy no lo puedo pensar. Hoy no lo quiero pensar. Sólo puedo decir, como Carlotta Champion que gracias a ello, por lo menos, ¡Sigo Aquí!

Así que voy a quemar definitivamente a la ilusión zombie y reducirla a cenizas. Tal vez mañana me arrepienta..., pero al menos estaré vivo para sentirlo aunque el dolor sea tan intenso o más que la primera vez.

sábado, 31 de enero de 2009

La pornografía (subliminal) nuestra de cada día, II

Esta semana se iniciaba en Madrid una nueva guerra religiosa que, a falta de carros de combate, ha utilizado autobuses. La AMAL (Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores) se ha sumado al eslogan 'Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida'. Los E-cristians han tomado la frase de Ghandi 'Cuando todos te abandonan, Dios permanece contigo'.

El tema ya tiene unos meses de acciones similares en otras capitales. Hemos tenido noticias puntuales de ello... pero sin entrar en detalles como el que llama especialmente la atención en lo que se refiere a la capital del reino.

El diario El País publicó el pasado lunes la foto de los dos lemas en sus respectivos autobuses, uno al lado del otro. La imagen era más que previsible y todos imaginamos el momento en que se cruzasen delante nuestro los dos buses para poder capturar el momento con el móvil.

Lo que provoca segundas lecturas en la foto que firmaba Carlos Rosillo es: ¿Ha sido voluntaria la elección de autobuses por parte de cada asociación o han intervenido otras instituciones al adjudicar autobuses 'rojos' para el mensaje de los ateos y autobuses azules para el de los cristianos?


No he podido evitar el asociarlo con la Guerra Civil y la división de España en dos bandos: el rojo y el nazional, con zeta de azul. En abril se cumplirán 70 años desde que se dio por finalizada. Lo de los autobuses madrileños parece anunciar lo contrario.

Forzada banda sonora de 'canciones para después de una guerra': Celia Gámez, con zeta de nazional y de azul, con su vergonzante 'Ya hemos pasao' que celebraba el triunfo de los suyos. A Milva, La Rossa, su trayectoria artística y personal, le costó el ser vetada en España durante décadas. Su interpretación de 'Los cuatro generales' no ayudó a suavizar las cosas.

Como estamos a final de mes y los recursos económicos hay llegado también a su fin, he de tirar de lo poco que queda en la despensa. Antes dar cuenta de ello en forma de algún revoltillo o crema o lo que sea, dejo constancia de que tampoco la cesta de la compra se libra de la ola de pornografía que nos invade.

El primero es un clásico. De los de toda la vida. De los que Marina Castaño hubiese dejado que CJC incorporase a su edición ilustrada del "Diccionario secreto" en caso de haber cobrado por hacerles publicidad.


El segundo es de descubrimiento reciente y un complemento ideal del anterior. Fco. de Lucas e Hijos, tienen los huevos grandes y la información del envase al respecto es clara. Más de 73 gramos. Lo de 'Estado miembro de producción' en este contexto clama a otra redacción del mensaje que se quiera transmitir. En todo caso: Olé sus huevos.


Por un momento me ha tentado sugerir como banda sonora el ya clásico tema 'Tiene nombres mil' del, afortunadamente, irrepetible Leonardo Dantés. Pero creo que 'Maricón chotis' lo supera. Su (ir)responsable es, nada más y nada menos que Filippo Carletti, un italiano que se instaló en España a finales de los 50 grabó temas como "Volare" y "Mustafá", acompañó a Mike Ríos en sus inicios, recreó temas de la banda sonora de "Acompáñame" y el 'La, La la'.

Después abrió un restaurante y en el 2000 perdió completamente la olla con un disco XXX que incluye canciones compuestas por él y con letras de E. Velázquez, dedicadas a la masturbación, el olor sobaquil, las tetas, la 'industria' de la prostitución y una especie de cantata de 12 minutos bautizada como 'Blues del bidet'. También con dos cojones.

miércoles, 28 de enero de 2009

Al borde del infarto: El disco, el concierto y el DVD del año

Aunque en el fondo todo lleve a la nada, hay momentos que se esfuerzan por negar la evidencia.

Un fin de semana desastroso, muy en la línea de los días anteriores, acabó con una vertiginosa pirueta que en este inicio de semana casi me lleva al infarto.

En el saqueo quitapenas de la Fnac vi el disco de Zenet, una de las más gratas sorpresas musicales vistas en el programa de Buenafuente en meses. Sin haber investigado más después de aquella intervención, y absolutamente seducido por la portada afrancesada del disco, no dudé en echarlo al cesto.

Ya sé que enero ni siquiera ha acabado, pero sin duda es el disco del año. Bueno, en realidad salió el año pasado. Pero para mí es del 2009.


Desde ese 'Soñar contigo' que ya me erizó el vello de la nuca en BFN hasta 'Las causas perdidas' –el 'Na de ná' (Non je ne regrette rien) es la única versión de un tema ajeno–, las melodías, las letras, los arreglos y la voz de Zenet te elevan a ese nirvana que sólo se alcanza a través de la música. Bueno, de cierta música.

Y "Los mares de China" lo logra. Con sus homenajes, referentes e influencias podría ser un disco más de los que tejen una tramposa red pegajosa perfectamente diseñada para atrapar un lugar en los 40 P. Pero, por encima de todo ello, transmite una sinceridad, una complicidad, desarmantes.

Después de escuchar 6 ó 7 veces el CD, el lunes recibo llamada ratonil recordándome que justo el día siguiente había concierto de Zenet en Galileo Galilei. Por supuesto fuimos al concierto casi como Las Duquesitas van a besar el suelo que pisa Miguel Ángel Silvestre.



Por supuesto el directo es más espectacular musicalmente, aunque se pierde la singular poesía de las letras escritas en su totalidad por Javier Laguna. Después de un cerro de panchitos y una apoteósica propina dixie de más de 10 minutos, salí como si me hubiese puesto una inyección de genuino pa amb tomàquet y no esa basura que perpetran como pantumaca. Como en ese pedazo de tema que casi me hace saltar las lágrimas cada vez que lo escucho, el martes ya fue definitivo: Zenet, fue el día que te quise siempre.


Con mi debilitado corazón a punto de explotar, este mediodía me han entregado mi adelantado autorregalo de cumpleaños para el que no encuentro altar que esté a la altura.

Doce DVDs con TODOS los largometrajes de Demy, sus cortometrajes conocidos y otros prácticamente desconocidos, un librito, un CD con rarezas de Michel Legrand en ensayos, ideas descartadas... ¡¡¡El pack del año!!!... que salió también a la venta el año pasado.

No sé si es que el 2008 fue nefasto en casi todo y por eso no me enteré de que estaba a la venta o directamente que mi empanada era doble, como la de las croquetas de Cándida. La cuestión es que ahora la duda es por dónde empezar, sabiendo que todas las películas han sido restauradas con supervisión de la viuda de Demy, Agnès Varda.

Al final tocará esperar al fin de semana para empezar por "El flautista de Hamelín", el único largo que no he visto nunca, "Una habitación en la ciudad", "Parking" o "Estudio de modelos" que sólo vi una vez hace decenas de años.

El año próximo se cumplirán 20 de la muerte de Jacques Demy (y 43 de la de Françoise Dorleac). El luto es más llevadero si, al fin, se puede disfrutar de toda su obra. VIVA, VIVA.

sábado, 24 de enero de 2009

El socorrido recurso

Sin llegar a los extremos de Morticia Addams, me gustan los días naturalmente grises y nublados. Otra cosa son esos días grises en los que luce el sol radiante.

Desde el pasado jueves, en que Torre Picasso era como una Torre de Babel que se perdía entre las brumas del cielo infinito, parece como si aquella imagen hubiese señalado el inicio de una Ceremonia de la Confusión que se iba adueñando de mi entorno.



Parte síndrome ‘Homersimpson’ –o como lo describió Glora Fuertes: ‘Pienso mesa y digo silla’–, parte síntoma de que el fin del mundo se acerca, las frases dichas que no se querían decir, las que se querían decir y no se decían y las que en cualquier caso no se deberían haber dicho nunca, han sembrado de confusión estos días. El resultado: un caos que ni el provocado por la torre de marras.

En un estado mental más espeso que un blandiblup reserva del 77, hoy es uno de esos días para la reflexión, la diversión o el saqueo salvaje de la Fnac. Espero tener un poco de todo.

Así que sin demasiadas complicaciones, simplemente aprovecho para recordar a dos personajes unidos por ‘Babalú’: Desi (derio) Arnaz (Santiago de Cuba, 1917-California, 1986), el Ricky Ricardo de “Te quiero Lucy”, y Toña La Negra (Veracruz, 1912-México DF, 1982), la voz femenina de Agustín Lara.

El primero, músico con Xaxier Cugat, arrollador bongosero, intérprete y productor de la famosa serie compartida con Lucille Ball y productor ejecutivo de la serie “Los intocables” –circunstancia por la que estuvo a punto de ser asesinado por mafiosos airados–, fue uno de los grandes intérpretes de 'Babalú'. Y la portada de su disco sigue siendo un referente. Otro de sus temas emblemáticos fue 'Cuban Pete', homenajeado por Jim Carrey en “La máscara”.



A la segunda la considero una de las mejores cantantes del pasado siglo y, posiblemente, la mejor bolerista. Si Pedro Vargas fue el intérprete masculino de Agustín Lara, desde que El Flaco escuchó a María Antonia del Carmen Peregrino Álvarez la convirtió en la cantante ‘oficial’ de su repertorio, componiendo para que las interpretase Toña La Negra algunas de sus mejores obras.


Nadie puede inspirar
lo que tú inspiras,
nadie puede expresar
lo que tú expresas,
nadie puede mirar,
como tú miras…
ni nadie cantará jamás
como tú cantas.

Toña, también hizo sus pinitos en cine interpretando, en elaborados arreglos orquestales, los temas de su repertorio. Su versión de ‘Babalú’ es una de mis preferidas.

miércoles, 21 de enero de 2009

La pornografía (subliminal) nuestra de cada día


Ya hace unas semanas se murió el ratón inalámbrico que me había vendido el que se convirtió, desde ese mismo momento, en mi ex proveedor oficial informático. Bueno, no era una muerte irreversible, sólo había que cambiar las pilas.

La sorpresa fue encontrar dentro del ratón dos pilas que, a primera vista, parecían marca Panasonic, pero que, en realidad, eran una basura llamada PenesamiG.

Supongo que el fabricante debe tener línea directa con los talleres de manipulado y embalaje de consoladores y, desde su mismo nombre, marca su diferencial superioridad con los penes de 'carne y hueso'.

Si se lee como es debido, la marca de las pilas PenesamiG, no es otra que


Penes, a mí, ¡Je!








De la machada a la guarrada. El Diccionario de la Real Academia no lo recoge, pero a casi nadie se le escapa que el 'bul' es para muchos uno de los numerosos nombres que se usan para referirse al culo.

Bautizar a un sobre almohadillado como 'Raja Culo' es poner sobre aviso del estado en que se puede encontrar lo que se envíe dentro de ellos. O llega hecho una mierda o directamente ya lo era antes de meterlo por la raja del bul.

Hay días en que uno quisiera trabajar en empresas cuyos departamentos de márketing se dedican a perpetrar estas marcas.



Por último, un recuerdo a la gran Victrolita, esa turbadora de infancias, Inés Escariz Fernández (Buenos Aires, 1931), que pasada la treintena y vestida de 'niña pequeña' (?), trataba de impostar la voz y lograba poner los vellos como escarpias.

Si la idea del disfraz le vino después de ver "Qué fue de Baby Jane?" o fue la viceversa es algo que se me escapa. Pero compadezco a los niños suramericanos que recibieron los subliminales mensajes sangrientos o cargados de erotismo que llevaban sus letras aparentemente inocentes.

En su versión de 'La cucaracha', el animalito --que ni siquiera fuma marihuna para sobrellevar la tragedia-- ha perdido dos patitas, entra en un gallinero y se le comen otras dos y finalmente se introduce en la que será su tumba: un hormiguero donde las hormiguitas se le zampan las dos únicas patitas que le quedaban sin poder salir nunca más del agujero.

En 'Pedrito el lorito', la nenita de marras envenena al loro con vino y para superar su tristeza por la pérdida del lorito querido se marca un chachachá. Más peligro tienen las canciones dedicadas a los parientes próximos 'Para los papitos' y 'Mi tío', donde Victrolita cabalga sentada en las rodillas del adulto o se anticipa al orgullo bear pidiendo un 'osito peludo y un pirulí'.

Su versión de "En un bosque de la China", con los dos (co)chinitos haciendo cochinadas en la oscuridad del bosque no es precisamente muy infantil. Por menos le prohibieron un disco a Fofito.