Pero esas señales se pueden tomar como avisos de que es el momento de pasar al nivel siguiente de juego, donde se empieza más o menos de cero, pero con la mochila cargada de experiencias-conocimientos y algún que otro gadget que pueda ser de utilidad en el nivel recién estrenado.
El 23-F siempre me ha resultado un día peculiar y no sólo por ser la víspera del 24-F, que ése sí es un día cargado de simbolismos. Hoy ha tenido un poco de todo, para no ser una excepción.
Al levantarme había decidido que, sin esperar a nada más, la señal de final de etapa, la que debía cerrarla y así pasar a la siguiente, la iba a poner yo mismo. Mientras me preparaba para ir a la Oficina Siniestra he visto en un resumen de las noticias que La Cruz se había llevado el Oscar, como muchos predecían y muchísimos más temían. Eso ya no era la señal de un fin de etapa en mi trayectoria vital sino una señal inequívoca de lo cerca que está el Fin del Mundo.
En fin, nada más cerrar la puerta de casa, sin tiempo, pero entretenido en un escaparate, me ha saludado un conocido. La segunda cosa que me dice es: “Hoy es 23-F y yo hoy voy a llevar a cabo mi 23-F particular”. Después durante un buen rato me ha estado explicando que hoy era el día elegido para dar su ‘golpe’ particular y todos los etcéteras que han seguido. No podía evitar la sonrisa al pensar que yo llevaba en la mano la llave de mi particular 23-F.
Después, en el transcurso de la conversación han surgido algunos detalles que me han confirmado que, efectivamente, la etapa se hubiese cerrado de todos modos aunque yo no me lo hubiese impuesto. Eso no ha evitado un peso angustiante en el pecho durante casi toda la mañana.
Un peso que ha empezado a remitir cuando me ha llegado por correo un CD improbable tramitado vía Internet por gentileza de un amigo sin mis problemas bancarios. El disco es, lo juro, infinitamente mejor que su carátula, pero infinitamente menos divertido de lo que esperaba.

Con todo, curiosamente, la primera canción es uno de los himnos exorcizantes a los que recurro de vez en cuando, ‘Don’t Rain On My Parade’. No hace ni dos meses que tuve sesión intensiva de la canción en todas las versiones al alcance mi mano. Hoy le ha tocado a Bailey-Streisand.
La semana pasada fue especialmente angustioso-depresiva. Un homenaje agradecimiento a Henri Salvador, cuya risa contagiosa me ha ayudado a reír un poco en estos días, y a sus magníficas 'Le loup, la biche et le chevalier' y su rarísima versión en italiano de 'The Lion Sleeps Tonight'.
Mañana, 24-F, oficialmente se pone a la venta el nuevo disco de Fangoria. ¿Será otra señal?

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