lunes, 9 de febrero de 2009

You Fascinated Me So


Muchas presiones he recibido en los últimos días para que no dejase de recordar a Carmen Miranda en el centenario de su nacimiento. Pero está claro que no podía ser tan fácil el pasar del trance incinerador de zombies a la alegría vital de La Bomba Brasileña.

Después de escribir sobre La Miranda y subir las ilustraciones, musicales y fotográficas, el inseguro servidor tuvo un ataque epiléptico y no grabó nada de lo perpetrado.

Como últimamente intuyo señales en casi todo, pensé que por algo sería. Vi a la Señora Rius, de moral despistada, en el programa de BFN y, por fin, la coronación de Berto como se merecía: un Rey Mediático. Y opté por tratar de dormir 3 ó 4 horas.

Esta mañana, al tratar de recomponer el desaguisado Mirandiano, me entero del fallecimiento, el pasado día 7, de una de mis cantantes adoradas: Blossom Dearie.


A Blossom Dearie la descubrí tarde. En la época del CD y a través de unos asombrosos recopilatorios producidos por Ben Bagley (1933-1998) y publicados en la colección Painted Smiles. Al atractivo de recuperar canciones inéditas y rarísimas del repertorio de los grandes compositores americanos Cole Porter, Frank Loesser, Harold Arlen, George Gershwin, Kurt Weill, Jerome Kern...—, Ben Bagley atrajo a los estudios a un grupo de ‘amigos’ tan ecléctico como Katharine Hepburn, Kaye Ballard, Barbara Cook, Chita Rivera, Gloria Swanson, Rhonda Fleming, Anthony Perkins, Richard Chamberlain, Arthur Siegel, Bobby Short y Roddy McDowell. A buen entendedor... Pero la voz que me cautivó fue la de Blossom Dearie.

Eran otros tiempos. No existía Internet, aunque teníamos tiendas de discos. Algunas incluso aceptables. Y como eso es lo que había, me recorrí las calles Tallers y Pelayo buscando otros CDs de Blossom. En una tarde recogí tres pertenecientes a la etapa Verve, aunque dos de ellos eran recopilatorios. Aquel mismo día me hice fan absoluto.

El humor, la ternura, la fragilidad de una voz con registro semejante al de una niña, engrandecían un repertorio de standars sobradamente conocidos. Blossom imprimía una musicalidad y un sentimiento que pocas veces transmiten otros intérpretes muy preparados técnicamente, pero fríos y mecánicos. Y además era una prodigiosa pianista. Así empezó en París a mediados de los 50 continuó acompañándose al piano en disco y en las actuaciones en directo que efectuó hasta hace nada.

Fue gracias a Blossom que descubrí ‘It Might As Well Be Spring’ después de haberla escuchado decenas de veces en la voz de otros cantantes. Y ‘Down With Love’ y ‘They Say It’s Spring’, y ‘La valse des lilas / Once Upon A Summertime’, y ‘Tout doucement’, y 'Doop-Doo-De-Doop (A Doodlin' Song)', y ‘Give Him the Ooh-La-La’ y, ‘I’m Hip’ y...

Meses más tarde, en el primer disco que encontré de su propio sello Daffodil —grabado en 1987 con 61 años—, volvía a escuchar la misma voz, casi como si no hubiesen pasado los años. Igual de fascinante y todavía más divertida en temas como ‘My Attorney Bernie’ o ‘My New Celebrity Is You’.

Como buen provinciano, Blossom Dearie era algo mío, porque nadie me había hablado de ella; no había encontrado referencias en ninguno de los libros de música que habían caído en mis manos y ninguno de mis amigos y conocidos —que tantas figuras me habían descubierto— tenía la más remota idea de quien era. Eso sí, al escucharla todos quedaban fascinados.

Incluso recuerdo el sentimiento de orgullo gilipollas que me invadió al escuchar ‘Try Your Wings’ en la banda sonora de “Mi vida sin mí”. Como si mi esmirriado proselitismo hubiese hecho llegar a Blossom, a través de terceros, hasta Isabel Coixet. No hay nada como la ignorancia... excepto el paso siguiente: Ignorancia + Alzheimer.

El pasado año fue de grandes pérdidas mitómanas, pero ninguna hizo que se me humedeciesen los ojos como esta mañana al leer la noticia del fallecimiento de Blossom. Hoy el iPod está vetado para cualquier otro nombre.

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